Feliz Día, mamá: Isabel y Fati, madre e hija en la Maratón de Sydney

Este Día de la Madre lo celebramos con una historia de mamá e hija que corren juntas desde 2016. Ya sumaron Nueva York, Chicago, Berlín y Londres, y este año fueron por Sydney. Les pedimos que nos cuenten cómo es compartir 42 kilómetros (y una vida) a la par.

Todo empezó en 2016, en un grupo de running. Primero fueron carreras chicas, después los 21K de Buenos Aires y el Raid de los Andes, hasta que llegó la primera maratón juntas: Nueva York. Ahí Isabel descubrió algo de su hija que todavía la emociona: cuando Fati se pone un objetivo, va por él. “No había cosa más linda que poder compartir con tu hija algo que además nos hace tan bien”, dice.

Después vinieron Chicago, Berlín y Londres en 2023. Y cada maratón fue también una excusa para viajar, recorrer y quedarse unos días más juntas.

Cuando la hija convence a la mamá

En eso están de acuerdo: Sydney fue idea de Fati. En lo que no se ponen de acuerdo es en por qué ella siempre sale sorteada. “Mamá dice que es por mi edad, pero yo sé que tengo buena suerte”, se ríe. La única vez que no quedó fue cuando se anotaron juntas como pareja.

Esta vez, Fati quedó. Isabel le escribió “¿cómo nos vamos?” y la respuesta llegó en forma de captura de pantalla con la aceptación. Así arrancó la nueva aventura.

Una mamá a 6.000 kilómetros, el mismo plan

Hace seis años que Fati vive en Costa Rica, así que entrenar a la par no era opción. Lo resolvieron como resuelven todo: charlando. Qué les tocaba en el plan, a qué hora salían, el calor tremendo del Caribe.

Fati lo admite sin vueltas: “Mamá siempre entrena más que yo”. Entre el surf y otros deportes, ella se define como “hija del rigor”, de las que le meten más pata cuando se acerca la fecha. Eso sí, hubo un 30K que corrió sola a las 4:30 de la mañana para ganarle al calor. Y en julio, en una visita a Buenos Aires, por fin pudieron hacer un fondo juntas. “La vi muy preparada”, cuenta Isabel.

El grito de una hija en el tramo más duro

Siempre hacen lo mismo: se anotan con tiempos distintos y después se juntan en el corral de la más lenta. Esta vez, Isabel puso un tiempo conservador “por las dudas”, quedaron en grupos separados y no hubo forma de que los australianos las dejaran juntarse.

Pero la carrera tenía guardado un regalo. En un tramo de ida y vuelta, de esos que se hacen largos, Fati venía buscando entre la gente una camiseta de Las Leonas. La encontró y le pegó un grito. Para Isabel, que sabía que ese tramo iba a ser duro, fue “una alegría enorme”. No corrieron juntas, pero se sostuvieron justo cuando más hacía falta. Y al final terminaron con tiempos casi iguales. “Las cosas pasan por algo”, dice.

Madre e hija, la misma llegada

Fati es arquitecta, así que el Harbour Bridge lo vivió mirando cada detalle de la estructura desde arriba. Se le pasó volando. Pero para las dos, el momento fue el mismo: la bajada final, el mar que aparece de golpe y la Ópera. “Mágica”, dice una. “Impactante”, dice la otra. Y la felicidad de saber que ahí estaba la llegada.

Lo que una hija le dice a su mamá (y una mamá a su hija)

Les pedimos que respondieran esta por separado, sin leer lo que puso la otra.

Isabel, sobre Fati:

“La admiro tremendamente. Tiene decisión, constancia, no le tiene miedo a la adversidad. Es imparable. Para mí es un orgullo absoluto.”

Fati, sobre su mamá:

“Siempre estoy orgullosa de ella, de la fuerza que le pone. Cada vez se supera y mejora sus tiempos. Es un orgullo y una inspiración, y ojalá poder correr así a su edad.”

Y las dos, sin saberlo, eligieron la misma palabra: regalo. Para Isabel, que una hija quiera compartir esta pasión es “un lujo, no me quiero acostumbrar”. Para Fati, poder correr juntas es un gran regalo, y su mamá, además, “es mi sponsor oficial”.

Feliz Día de la Madre a todas las que corren, acompañan, gritan desde el costado y esperan en la meta. 💛


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